Declaración política del Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos en defensa de la Educación Pública

Declaración política del Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos en defensa de la Educación Pública

Octubre 2016

Desde hace al menos dos décadas asistimos a un franco avance mercantil en la educación, en particular en la Educación Superior. Estos procesos se enmarcan en acuerdos internacionales vinculados a la Organización Mundial del Comercio (OMC), como fue el GATS (Acuerdo General de Comercios y Servicios por su sigla en inglés), firmado en 1995 y donde los estados miembros acuerdan liberalizar el comercio de servicios, con el argumento principal de que “la financiación pública de algún servicio es un elemento de distorsión de los mercados”. En este mismo acuerdo se incluye la educación superior como uno de estos servicios.

Más adelante, en 1999 los ministros de Educación de la Unión Europea firman la declaración de Bolonia, la cual implicaría una “transformación radical” de la educación universitaria europea. Esta declaración plantea como ejes de trabajo: reestructuración de las carreras universitarias, métodos de enseñanza y financiación de las universidades. El argumento fundamental de estos cambios atendía las demandas de las cámaras empresariales en cuanto a que las universidades “enseñaban demasiado”, o que no atendían las necesidades reales del mercado laboral.

Más recientemente, son las orientaciones emitidas por la OCDE las que intentan direccionar las políticas educativas en los distintos países, a través de las evaluaciones internacionales como las prueba PISA que promueven la incorporación de competencias, destrezas y habilidades en las currículas. En el ámbito universitario, la aparición de rankings internacionales estimula la competencia de las universidades para captar estudiantes y mayor financiación, orientando sus reformas hacia los aspectos que mejor permitan subir en la escala de calificación como el número de patentes, la “internacionalización”, gestión eficiente, etc.

¿Cuáles son estas necesidades que plantea “el mercado”? Por un lado, considerar a las universidades como un agente económico más que se rige por las lógicas del mercado, instituciones rentables al servicio del mundo empresarial, y por ende, aquellas carreras, grupos de investigadores, que no produzcan rédito directo, y por ende sean inútiles desde la óptica del mercado, se las suprime. Por otro lado, impartir conocimientos útiles únicamente desde el punto de vista del empleador, es decir, formar mano de obra que puedan mantener y aumentar la tasa de ganancia del capitalista, en este sentido existen conocimientos “inútiles” y por ende se van recortando contenidos de carreras, o incluso priorizando unas disciplinas sobre otras. Otra forma de direccionar las políticas universitarias en favor del mercado, es cuando una institución (empresa, banco) financia investigaciones específicas, o incluso carreras de interés, como ciertos posgrados.

El manual neoliberal para desmantelar servicios públicos es siempre el mismo: estrangulamiento presupuestario, rebaja de la calidad del servicio y de su infraestructura, propaganda masiva que muestra “lo mal que está el servicio público” y finalmente la aparición de capitales privados a los cuales se vende el servicio (privatización) como supuesto y único salvataje posible.

En nuestro país, estos procesos se expresan sobre todo bajo un discurso “progresista”, como las reformas emprendidas a nivel de la Universidad, o la reciente la discusión sobre la financiación de la obra del Hospital universitario.

Sin embargo los móviles son los mismos ya descritos: el capital encuentra nuevos nichos desde los cuales mantener y/o aumentar su tasa de ganancia, como son los servicios hasta ahora públicos. Esto se logra con complicidad del gobierno del Frente Amplio, que también mide la inversión según estándares internacionales, lo que hace considerar la inversión pública en salud y educación como un “gasto inadmisible” que abulta las cuentas públicas.

En concreto, la Universidad se ha convertido en un atractivo para el capital, y está en nosotros, los estudiantes, la capacidad y el deber de defenderla.

  • Debemos defender el desarrollo de las distintas disciplinas y sus contenidos, y en este sentido luchar contra las orientaciones por “competencias” así como los recortes en los propios contenidos de nuestras carreras. Defendemos la formación de profesionales con capacidad crítica y también técnica capaces de encarar un proceso de desarrollo autónomo.

  • Debemos defender la Autonomía Universitaria, que en su correcta aplicación permite desarrollar políticas a largo plazo, independientemente del gobierno de turno y de las presiones del capital.

  • Debemos defender el cogobierno universitario, fortaleciendo la participación de los gremios en el análisis y elaboración de propuestas transformadoras de la Universidad.

  • Debemos defender la financiación pública de la Educación y de nuestra Universidad, elemento esencial para avanzar en las propuestas democráticas que nos proponemos, pero que es continuamente retaceada por los distintos gobiernos para atacar la autonomía universitaria.

  • Debemos defender el acceso a la Universidad para todos aquellos que sientan interés por los estudios superiores. En este sentido, luchar por un programa de bienestar estudiantil que permita a los estudiantes dedicarse a su vocación, así como luchar por ofrecer en cada facultad las opciones de cursado que atiendan la población estudiantil: posibilidad de rendir parciales, exámenes libres, múltiples períodos de exámenes, distintos turnos para asistencia a clase, acceso a los materiales de estudio necesario, entre otros.

  • Debemos defender a la Universidad de los oportunistas que en lugar de dar solución a las problemáticas de fondo, promueven la búsqueda de financiación externa, ya sea mediante el cobro de matrículas de grado o posgrado, cursos de educación permanente o con la búsqueda de donaciones. Ejemplo de ello son las donaciones de empresas que buscan publicidad y exoneraciones impositivas en el marco de las leyes de promoción de inversiones y de donaciones especiales entre otras. Es muy elocuente el ejemplo del Banco Santander, que dona miles de euros para su programa de becas de intercambio, y también pretende a través de redes financiadas por ellos, promover la formación que requiere el mercado (caso Red EMPRENUR).

  • Debemos defender al Hospital de Clínicas del mecanismo de financiación que plantea el Poder Ejecutivo. Debemos por un lado mantener la denuncia de este avance del capital sobre los servicios públicos, que cuenta con la complicidad del gobierno, y de agentes con intereses en juego a la interna de la Universidad, y que conforma una estrategia global de privatización de sectores hasta ahora públicos. Asimismo, debemos denunciar la actitud de entrega de las autoridades (rector, directora del Hospital, decanos, consejeros de ADUR) que aceptan esta forma de financiación, cediendo ante el chantaje del gobierno, el cual se manifiesta en el recorte de recursos necesarios para funcionamiento del hospital. En particular, esta forma de financiación, permite a los capitales privados, no sólo sacar su rédito esperado en el marco de este sistema, sino lucrar a costa de la Universidad, su presupuesto y sus capacidades académicas.

Convocamos a todos los estudiantes rebeldes y consecuentes, a luchar en cada espacio que tenemos contra esta avanzada sobre la Educación Pública, patrimonio del pueblo uruguayo.

Convocamos a participar de la Jornada de Reflexión sobre tendencias en la Educación Superior a realizarse el próximo lunes 24 de octubre en el Paraninfo de la Universidad, donde se expondrán los problemas a los que se enfrenta la educación en el marco del imperialismo con una perspectiva histórica y desde las experiencias en la región con participación de compañeros del movimiento estudiantil latinoamericano. Asimismo, convocamos a recuperar el debate en el marco de la FEUU, promoviendo la discusión en su ámbito máximo, la Convención, que se instala el próximo viernes 28 de octubre.

Llamamos a retomar la lucha en defensa de nuestra Educación Pública, a movilizarnos en una militancia independiente, de izquierda y combativa.

Porque al decir de José Gervasio Artigas, “no venderemos el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad”.

Cuando otros hayan cedido, allí estaremos los estudiantes en conjunto al movimiento popular para defender lo que es de todos.

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