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Límite de cursadas – Facultad de Ingeniería

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Hasta el 2014 existía en Facultad de Ingeniería una limitación al cursado, los estudiantes podían cursar una asignatura hasta dos veces y luego debían rendir el examen.

En aquel momento, se daba la situación de que muchos estudiantes, sobretodo en los primeros años, perdían una asignatura dos veces y consideraban necesario cursar por tercera vez. Como esto no estaba permitido, debían  pedir una excepción a Decanato.

A impulso del CEI, ante esta medida  injusta y arbitraria, los estudiantes nos movilizamos en los ámbitos de cogobierno y mediante una juntada de más de 1300 firmas en tres días, exigiendo que “cursar una asignatura sea un derecho, no una excepción”.

Con esto logramos levantar el límite de cursadas para todas las asignaturas menos Cálculo 1 y 2 y GAL 1 y 2, pero de forma temporal. En aquel momento se planteaba como un impedimento para levantar la limitación, que esta medida iba a contribuir a la masividad resultando en salones desbordados. Por esta razón se realizó la experiencia como período de prueba de un año, solo por el 2015. Para llevar a cabo esta resolución, el Instituto de Física y el Instituto de Matemática, creyeron necesaria la asignación de recursos extra para así atender el esperable crecimiento en la matrícula de los cursos. Al IF se le asignaron los 5 grados 1 requeridos, mientras que el pedido del IMERL no fue concedido por considerarse imposible de implementar, y por lo tanto no se levantó el límite en las asignaturas ya mencionadas.

Al momento de evaluar la medida, se vió en base a informes y números que la situación no era la prevista y que el colapso no había sido tal. Además los resultados obtenidos por los recursantes eran similares a los que cursaban por primera o segunda vez. Por esto, a fines de 2015 , se decidió extender por el 2016 la eliminación del límite como forma de postergar la discusión porque ni la Comisión de Políticas de Enseñanza ni el Consejo lograron tener una posición fundada, ya que los elementos hasta ese momento eran insuficientes siendo los números inconcluyentes.

Para el 2016, el tema vuelve a estar en la órbita de la CoPE. Una vez más, se analizan datos y se realizan informes sobre la experiencia.

En esta oportunidad, los docentes ven en el levantamiento del límite de cursadas, recursos malgastados y un mensaje erróneo de la Facultad hacia los estudiantes. Por un lado, la medida les parece ineficaz como para invertir recursos en ella y por el otro, consideran que limitar la cantidad de veces que un estudiante puede cursar, es una forma de motivarlo. Aún más, plantean que permitirle recursar es invitarlo a fracasar nuevamente.

Los egresados por su parte, consideran que la necesidad de cursar por tercer vez es la consecuencia de diferentes problemas de la enseñanza y por lo tanto la discusión no debería centrarse en este tema sino en sus causas.

El análisis por parte de los estudiantes es completamente diferente, quienes entendemos el cursar como un derecho y la imposibilidad de hacerlo como una negación del mismo. Somos conscientes de que el levantamiento del límite no soluciona los problemas de enseñanza, pero coartar este derecho tampoco es la forma de hacerlo.

Por una parte, los números muestran que la cantidad de estudiantes que cursan por tercera vez o más, no influyen significativamente en la masividad de las clases. Pero también, estamos hablando de cientos de estudiantes que necesitan cursar por tercera vez, para los cuales el permitirles cursar es una oportunidad de avance.

Entendemos que muchos de estos estudiantes, ingresan a facultad con una formación previa que es inferior a la esperada. Esto lleva a que les resulte difícil seguir el ritmo del curso, ya que deben invertir gran parte del tiempo en lograr “nivelar” sus conocimientos.

Por otro lado, año a año aumenta la cantidad de estudiantes que ingresan, y además a la Universidad se le continúa asignando un escaso presupuesto, empeorando así la relación docente/estudiante, que ya de por sí es deficiente. Esto contribuye a que los cursos de los primeros años se encuentren en condiciones de masividad, con salones llenos, clases magistrales y evaluaciones múltiple opción, lo que lleva a disminuir la calidad de la enseñanza. Por lo tanto, las condiciones materiales en las cuales se dictan los cursos de los primeros años distan de ser las ideales y no contribuyen a revertir las carencias con las que ingresan muchos estudiantes.

Lo anterior lleva a que muchos estudiantes no logren seguir el ritmo de los cursos, a pesar de tener la capacidad potencial y la motivación necesaria para comprender los temas de los mismos. Si bien volver a cursar la asignatura no garantiza una mejora en este aspecto, sí brinda la posibilidad de extender el proceso de aprendizaje a lo largo de todo el semestre, pudiendo en este periodo estudiar en grupo, acceder a una evaluación más continua y a instancias de consulta en prácticos. Además, la posibilidad de rendir parciales y con ellos exonerar o aprobar el curso, genera en los estudiantes la motivación de lograr avanzar en la carrera. De esta forma, si bien la asistencia a nuestros cursos es libre, el estar inscripto motiva al estudiante a mantener un mayor vínculo con la Facultad.

La única alternativa que tiene el estudiante a cursar la asignatura es rendir el examen correspondiente, lo cual en contraposición al cursado consiste en una única instancia puntual. Además, si bien puede ser una experiencia muy enriquecedora, puede también ser muy frustrante si el estudiante no cuenta con la capacidad ni el apoyo para preparar dicho examen.

Consideramos que la discusión no debe centrarse en la existencia del límite sino que deberíamos enfocarnos en evitar que los estudiantes recursen las asignaturas. Para esto debemos analizar cómo mejorar el acceso y la permanencia de los estudiante en Facultad, la enseñanza y en consecuencia el proceso de aprendizaje, disminuyendo así los índices de deserción, mejorando el avance en la carrera.

Se nos plantea que la prioridad es mejorar la calidad de la enseñanza a través de cursos con aprendizaje activo (si bien pueden ser experiencias valiosas, sabemos que no son extensibles a los masivos cursos de los primeros años) y mientras tanto a los estudiantes se nos sigue negando el esencial derecho a cursar.

Llamamos a todos los estudiantes a luchar para levantar el límite de cursadas; ¡el límite no es motivación, es negar educación!

Sofía Senatore y Paula Martinez

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