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A 100 años de la Reforma de Córdoba

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Se cumplen 100 años de la salida pública del Manifiesto Liminar de la Reforma de Córdoba, texto que expresa las ideas de un movimiento esencialmente americano, de estudiantes universitarios, que se rebelaron contra las universidades pensadas para las élites, anquilosadas y arcaicas.

El movimiento tuvo un desarrollo particularmente fuerte en la Universidad de Córdoba, que fundada en 1613, mantenía las arcaicas estructuras y concepciones de las universidades coloniales. Los estudiantes universitarios de Córdoba rompían así «la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica».

Los docentes eran el apoyo del status quo vetusto: «Las Universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, Ia hospitalización segura de los inválidos y lo que es peor, el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara».

El movimiento que buscaba reformar la ultra conservadora Universidad de Córdoba , que planteaba una universidad abierta en la que todos sin ningún tipo de distinción pudieran estudiar, que planteaba la democratización del gobierno universitario, entre otras reivindicaciones, chocó con el corporativismo docente: «No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ‘hoy para ti, mañana para mí’, corría de boca en boca y asumía preeminencia de estatuto universitario». Palabras que lamentablemente tienen vigencia.

Un movimiento que fue esencialmente americanista, el mismo Manifiesto Liminar termina: «La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar en Ia obra de libertad que inicia».

Además era un movimiento esencialmente rebelde, que se rebeló contra la injusta realidad que quería cambiar: «Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana»; «Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que ver con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son y dolorosas de todo el continente.».

El movimiento reformista que se desarrolló en toda sudamérica, y que se expresó con gran ímpetu en Córdoba en 1918, cuenta hoy en día con gran vigencia. Cualquier proceso democrático, progresista y de avanzada que surge en la universidad, no es real si no nace y es sostenido por los estudiantes, el más masivo actor, que no está comprado por el orden.

La autonomía y la democracia en la Universidad son principios reformistas que tienen que ser resguardados por los universitarios.

Y fundamentalmente, la gran vigencia que tiene el Manifiesto Liminar, es el pensar por un lado, una universidad abierta, no de las élites, y por otro, pensar una universidad de cara al país, a los sectores populares, para cambiar las estructuras que existen, para avanzar en la justicia y la dignidad.

El modelo de la Universidad Latinoamericana en Uruguay

El primer gran impulso de las ideas reformistas en nuestro país, se dio en el año 1958, con las movilizaciones de estudiantes y trabajadores, que lograron que el parlamento aprobara una ley orgánica que daba autonomía a la Universidad y cogobierno de la misma entre docentes, egresados y estudiantes.

La autonomía y el cogobierno dieron las bases para el plan reformador más importante de la Universidad a fines de los 60, el llamado Plan Maggiolo, que tenía como eje la noción de universidad latinoamericana, que en el seminario que dio en 1968 el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro se describe de la siguiente manera: «Una nueva universidad latinoamericana sólo podrá ser creada por latinoamericanos basándose en una crítica severa de todos los modelos de universidad y en la conciencia más aguda de las diferencias y especificidades del ambiente socio-cultural y la coyuntura global que llevaron a nuestras naciones a quedar marginalizadas de las grandes expresiones de la civilización moderna».

La concepción de la universidad latinoamericana es la de la universidad unida a los destinos del país, que se piense para colaborar con el desarrollo y la independencia del mismo, para la nación y no para las multinacionales, que sea un «motor de desarrollo». Concepción que implicaba además un fuerte arraigo antiimperialista: «Una serie de organismos internacionales y nacionales de otros países tienen hoy ideas mucho más precisas que las nuestras -universidades- acerca de la universidad que América Latina debe tener, sobre la investigación que le corresponde realizar, sobre el tipo de enseñanza que debe impartir. Este movimiento de colonización cultural se expresa en proyectos de ayuda bilateral y en planes internacionales de integración universitaria en el ámbito continental».

El Plan Maggiolo se basaba en una interpretación radical de la teoría de la dependencia, fundamentando que el subdesarrollo es un fenómeno que se da en la periferia del mundo como la otra cara del desarrollo de los países centrales, y que opera como consecuencia de la inversión extranjera directa.

Con estas ideas detrás, se buscó profundizar el modelo latinoamericano de universidad en detrimento del europeo en que había sido creada, por esto Maggiolo sostenía que «(…) a las naciones subdesarrolladas les corresponde enfrentar la tarea totalmente distinta, de crear una universidad capaz de actuar como motor del desarrollo (…) para ello hay que crear una estructura universitaria que no sea reflejo del desarrollo alcanzado por la sociedad, sino que sea ella misma un agente de aceleración del progreso global de la nación».

El plan fue elaborado en el marco del pedido presupuestal de la Universidad, y se disponía transformarla radicalmente, pasando la Universidad de girar en torno a carreras profesionales para estar estructurada entorno a áreas de conocimiento, con el objetivo de romper la compartimentación de las facultades, de ampliar la enseñanza y la investigación a disciplinas básicas, de incorporar a la Universidad la formación de los profesores de enseñanza media, de desarrollar la enseñanza de posgrado y crear nuevos servicios universitarios, todo enmarcado en un sistema nacional de enseñanza pública.

Este proceso quedó trunco debido al golpe de Estado y la intervención de la Universidad, luego en democracia, algunas ideas fueron implementadas pero de forma aislada, puesto que ciertas falencias fueron necesarias de atacarse, pero la continuidad histórica de un fuerte proceso de reestructuración universitaria se perdió.

La llamada Segunda Reforma Universitaria

Si tomamos la disyuntiva que hacía Ribeiro para caracterizar los procesos reformadores de las universidades de Latinoamérica: adaptación a las orientaciones que vienen de los países ricos y los organismos internacionales o actualización a las necesidades del país y de su desarrollo autónomo; el proceso que se vivió bajo el rectorado de Rodrigo Arocena entre los años 2006 y 2014, y que él mismo llamó «Segunda Reforma Universitaria», se ubica de forma evidente en la línea de reformas que mencionamos en primer lugar.

El nombre se debe a un intento de autodeclararse continuador de la reforma de Córdoba, borrando en los hechos toda historia de transformaciones profundas en la universidad. También existió en todo este proceso un énfasis en caracterizarlo como un proceso endógeno, que venía de la Universidad, y sobre todo impulsado por estudiantes, a iniciativa de estos.

Pero si rebasamos esta propaganda y nos ponemos al tanto de las transformaciones que se están impulsando en la educación superior a nivel mundial, no vamos a ver en este proceso mal llamado «Segunda Reforma Universitaria» más que una actualización a los lineamientos que vienen de los centros de poder, como el Banco Mundial.

Y un proceso que muy especialmente es un calco del Plan Bolonia que se impulsó en el Espacio Europea de Educación Superior (EEES), donde los objetivos son los mismos: normalización de las carreras de grado, reducción y precarización de las mismas, pasaje de contenido a posgrados pagos, disolución de las especificidades en las carreras, flexibilización o más bien pasaje a optatividad de varios contenidos y en muchos casos desaparición de los mismos, enseñanza e investigación al servicio de las necesidades del mercado, etc.

El legado más visible de estos cambios se pueden ver en los diversos cambios de los planes de estudio que se hicieron acorde a los criterios de la «Segunda Reforma», que se explicitan en la ordenanza de grado aprobada en el año 2011. El efecto más visible fue la aparición de cupos en materias en varias carreras de la universidad.

Además, el modelo que impulsó Arocena tiene un consenso importante con el gobierno del Frente Amplio cuando plantea la prioridad del desarrollo de tecnólogos según la demanda de las multinacionales, de la misma manera que la investigación.

Nuestra agrupación nació como oposición al rectorado de Arocena y a la llamada Segunda Reforma Universitaria, también nos opusimos a la representación que tenía rectorado en los estudiantes universitarios, que financiados por la universidad, militaban a favor del rector. Sobre la base del debate y la lucha, pudimos en el año 2014 lograr que el candidato de la «reforma» a rector, Álvaro Rico, perdiera, cortando así la continuidad en las reformas regresivas que se venían impulsando.

La mercantilización y el Plan Bolonia

El avance del capital sobre sectores que tradicionalmente se entendían como públicos ha sido una constante a nivel mundial desde los años 60 del siglo pasado. La respuesta a la fuerte crisis de rentabilidad que sufrió el capitalismo en todo el mundo en esa fecha, fue el avance en la mecantilización de sectores como la salud, la educación y los distintos servicios que hacen a una vida digna.

Mercantilizar, como primer definición que tomaremos, quiere decir poner en el mercado, un servicio que antes era público, es decir que se pague por él un precio, que se fija por la oferta y la demanda.

La avanzada que dio el capital desde estos años que decimos, impulsada por distintos organismos financieros internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, tuvieron por objetivo, lo que Harvey llama la «acumulación por desposesión». Es decir, servicios como la educación que tradicionalmente eran públicos y garantizados por el Estado, son cada vez más acaparados por empresas privadas que tienen como fin el lucro, que buscan no el aseguramiento de un derecho -como entendemos la educación- sino la ganancia. Así el enriquecimiento de sectores privados, se sustenta en que gran parte de la población no pueda acceder más a un servicio que antes era público y gratuito.

Pero no necesariamente es necesario un desarrollo de los actores privados para que avance la mercantilización, también los servicios en la órbita pública, es decir del Estado, pueden actuar como un privado, por ejemplo en nuestra Universidad la gran mayoría de los posgrados son pagos, y la cotización de los mismos son fijadas por el mercado.

La definición de la educación como bien público o como un servicio que puede ser transable, es un debate constante en todos los foros o conferencias de relevancia. Diversos organismos como el Fondo Monetario, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, etc., impulsan a sus miembros -como Uruguay- avanzar en privatizar la educación, el modelo más importante en la región de lo que buscan es Chile.

En la Conferencia Mundial sobre la Educación de la UNESCO, el ámbito más importante en lo que tiene que ver con políticas educativas en el mundo, la posición de la educación como bien público, con acceso universal y con participación estatal, viene conferencia tras conferencia perdiendo posiciones. El avance en el cobro de la educación superior, es un peligro que tiene asidero en la realidad.

El otro concepto que manejamos de mercantilización es de adaptar la enseñanza y la investigación a lo que el mercado necesita. El impulso en este sentido más importante viene como comentamos más arriba, del Plan Bolonia.

El origen del mismo está en el Acuerdo General de Comercios y Servicios (GATS en inglés), firmado en la órbita de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en el año 1995. En este acuerdo los estados miembro suscriben liberalizar el comercio de servicios, y entre los fundamentos principales figura la concepción de que la financiación pública de algún servicio es un elemento de distorsión de los mercados, incluyendo luego a la educación superior como uno de estos servicios.

Es en ese marco que en 1999 los ministros de educación de la Unión Europea emiten en la ciudad italiana de Bolonia la declaración que inaugura el mencionado Plan, en la misma se habla de transformar radicalmente la educación universitaria en Europa.

En la práctica el proceso de Bolonia se propuso una reestructuración radical de la estructura de las carreras universitarias, de los métodos de enseñanza y sobre todo de los medios de financiación de las universidades.

España es el ejemplo más elocuente, donde a través de decretos del Poder Ejecutivo propuestos por el Ministerio de Educación para implementar el Plan Bolonia en ese país, se redefinen algunas cuestiones. Un ejemplo es el Grado, donde se lo menciona como «formación general orientada al ejercicio de actividades de carácter profesional», luego cuando define su estructura indica que serán 4 años, de los cuales sólo 2 serán específicos de cada titulación, siendo el resto materias comunes de formación básica y prácticas en empresas, sin que se contemple remuneración.

El Grado así definido no pretende sustituir las clásicas licenciaturas, sino que vendría a ser algo diferente, el inicio de las actuales carreras profesionales, donde el Grado pierde especificidad y también atribuciones profesionales. Esta situación en España implica que con un grado de derecho no se puede ejercer de abogado, con uno de arquitectura no se puede ejercer de arquitecto. Para poder ejercer es necesario hacer un posgrado, los cuales se cobran a precios mucho mayores, casi prohibitivos para la media de los estudiantes españoles, siendo este posgrado la verdadera especialización, dividido en maestría y doctorado.

A medida que se fue avanzando con la implementación del Plan Bolonia, se fue haciendo más evidente que la realidad distaba mucho de las buenas intenciones que podían leerse en la declaración original de 1999. Así es que en el año 2000, un grupo de universidades privadas elaboraron el Proyecto Tuning, este proyecto plantea reducir los conocimientos e incrementar las «competencias, habilidades y destrezas».

Aquí comienza a insertarse una fraseología que también vemos repetirse en Uruguay y Latinoamérica, tanto por parte de miembros de las universidades como de los gobiernos y cuya frase insignia es que los estudiantes «deben aprender a aprender». Lo que deben aprender no son conocimientos específicos, sino «destrezas y habilidades» que les permitan siempre adaptarse «a un mundo cambiante»: en los hechos implica moldear egresados de grado flexibles a las exigencias del mercado laboral.

En cuanto a la financiación de las universidades, se fomenta la ya conocida «financiación vinculada a resultados» y se establecen determinados indicadores para financiar más a aquellas carreras cuyos titulados luego puedan iniciar una empresa propia en los años inmediatos a su graduación. Puede deducirse fácilmente el futuro que le esperaba a todas las humanidades y carreras similares.

Como se mencionó, el posgrado pasa a tener precios elevados, esto se debe también al mismo concepto de financiación, aplicado a que se explicita que en las universidades debe haber un equilibrio entre gastos e inversiones, que las universidades tendrán que autofinanciarse. La lógica que se plantea es que la universidad es una empresa donde los estudiantes son sus clientes. Ésta es la mentalidad detrás de incluir a la educación superior dentro de los GATS y excluyéndola de ser un servicio público, y ni que hablar un derecho fundamental.

Para continuar ejemplificando con el caso español, al tener el posgrado precios prohibitivos y al ser estos necesarios para el real ejercicio de la profesión se crearon las «becas-préstamo»: préstamos a ser devueltos tras finalizar la carrera una vez que se está trabajando. La principal entidad que ha emitido estos préstamos ha sido el Banco Santander y en la mayoría de los casos el egresado termina pagando las cuotas e intereses a lo largo de toda su vida laboral, asimilando el gasto a uno más, como si se tratara del alquiler de una vivienda.

Cabe mencionar cómo la implementación del proceso de Bolonia pretende reestructurar el propio espíritu universitario. En España la nueva ley que regulará la educación universitaria contenía varias veces la expresión del tipo «la universidad tiene que rendir cuentas a la sociedad» , sin embargo cuando se refiere luego a lo que entiende por «sociedad» y menciona la participación de la sociedad en la universidad define un «Consejo Social» donde la mayoría de sus miembros pertenecen a las principales sociedades empresariales. Se subordina la financiación pública a la previa obtención de financiación privada, en donde muchas carreras que no son rentables para el mercado tienden a desaparecer.

El proyecto Tunning también se extendió fuera del continente europeo y se impulsó también en América Latina (proyecto Tunning para Latinoamérica), espacio en el que nuestra Universidad participaba desde la Sectorial de Enseñanza, que es la misma comisión central que se encargaba de regentar todas las modificaciones de los planes de estudio.

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La mercantilización en nuestra Universidad

Lamentablemente la autonomía no ha detenido el avance de las distintas tendencias mercantilizadoras en el seno de la universidad.

Hasta ahora, la educación de grado en nuestra Universidad es gratuita, no así la educación de posgrado, donde la mayoría son pagos. Y en esto el sistema ha sido hábil, algunas recomendaciones de los grandes centros del poder dicen: «Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad de la enseñanza y la escuela que puede progresiva y puntualmente obtener una contribución económica de las familias o suprimir alguna actividad». Esto se hace primero en una escuela luego en otra, pero no en la de al lado, de tal manera que se evita el descontento generalizado de la población. Como decíamos más arriba, este ha sido el mecanismo del Plan Bolonia utilizado en Europa.

Se avanzó en este sentido en la Universidad con la aprobación de la ordenanza de grado en el año 2011 donde estipula que la mayoría de las carreras de grado no pueden durar más de cuatro años, desde entonces se han venido impulsando modificaciones en los planes de estudio para que contenidos que anteriormente estaban en la carrera de grado, se pasen ahora a posgrados, pagos obviamente. El resultado es una tendencia al cobro de la educación universitaria, de forma solapada, además de un empobrecimiento de las carreras.

Hay además otras formas de mercantilización, que tienen que ver, como decíamos, con la adaptación de los planes de estudio a las necesidades del mercado. El capitalista o empleador precisa que aceptemos los salarios bajos, precisa que nos adaptemos a un mercado cambiante donde vamos a ir cambiando de trabajo y donde vamos a tener multitareas posiblemente. También esto está presente en la ordenanza recién nombrada, impulsando en las carreras de grado lo que necesita el mercado actual: flexibilidad, capacidad de adaptación y distintas «competencias y destrezas». Los conocimientos duros, ya vimos, pueden pasar a posgrados. Ni que hablar que el mercado precisa que dejemos de lado toda formación que brinde a los estudiantes capacidad crítica, y formación cultural y general.

Así que el modelo es el siguiente: formación de grado general, donde lo específico pasa a posgrados pagos, y nos dotamos de supuestas «habilidades y destrezas». En oposición a esto, nosotros defendemos la formación de calidad con contenidos específicos y pensados para un perfil de egreso a la altura de encarar un proyecto nacional independiente, al servicio de un modelo de país soberano, capaz de poder desenvolver las fuerzas productivas para beneficio del pueblo, con capacidad crítica y niveles de formación cultural propias de un universitario.

Otro elemento que va imponiendo la mercantilización de nuestra universidad es el extra presupuesto. La Universidad y luego cada facultad reciben un presupuesto por el Estado asignado en cada rendición de cuentas que se vota en el parlamento, además cada facultad obtiene un presupuesto extra que se genera de los convenios que realiza con actores públicos y privados y con el cobro de los posgrados.

Del extra presupuesto se financia en cada facultad compensaciones salariales a docentes, extensiones horarias, etc., es decir gran parte del cuerpo docente vive del extra presupuesto, que se genera en su mayoría por actividades que violentan la gratuidad de la educación o por apoyo al desarrollo de empresas privadas que vienen a pedir ayuda a la Universidad.

Por esto, es que también la mercantilización avanza cada vez más en la Universidad, porque la mayoría en el gobierno de la misma, los docentes, son comprados por estas actividades, sus salarios dependen de las mismas. Estos temas claro está son un tabú, y hasta ahora el movimiento estudiantil, que es desde el único lugar que puede salir una corriente crítica a esta realidad, no ha logrado romper con los sectores que desde el mismo movimiento reproducen las lógicas y concepciones que criticamos.

El rol del estudiantado

La reforma de Córdoba dejó atrás un modelo colonial y autoritario de educación superior donde las universidades eran meras productoras de profesionales que pertenecían a las clases dominantes y que posteriormente repetirían el modelo social, contribuyendo a mantener el status quo, es decir, a perpetuar ese domino. Desde principios del siglo XX y con gran influencia estudiantil, las universidades latinoamericanas descubren que se deben a la sociedad de las que son parte, que están insertas en ella y que por lo tanto deben desarrollarse fortaleciendo esa relación. Bajo esta visión, la alianza con el movimiento obrero fue fundamental pues las reivindicaciones conjuntas permitieron dar la fuerza, que en nuestro país derivaría en los avances en autonomía y cogobierno consagrados en la constitución. Se concibe a la Universidad con un lineamiento ideológico muy claro y contrapuesto al modelo universitario sostenido en nuestro país por más de un siglo, donde su propia Ley Orgánica le encomienda “acrecentar, difundir y defender la cultura; impulsar y proteger la investigación científica y las actividades artísticas y contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública” .

Es claro que en poco más de medio siglo la Universidad ha avanzado sustancialmente no sólo en la convicción de su existencia como Universidad Latinoamericana, sino además en los hechos, prácticas y políticas que refuerzan este modelo y contribuyen a consolidarlo. Sin embargo aún le queda mucho por profundizar en las responsabilidades que la ley le confiere, tanto desde el punto de vista de la creación de cultura como desde la implícita mención de la actividad social, estrechando aún más el vínculo con el medio permitiendo no solo la difusión de la cultura en las clases populares sino además tomar conciencia de las necesidades nacionales, y por tanto enfocar su actividad de investigación y enseñanza a la resolución de estas cuestiones.

Se impulsaron desde hace una década transformaciones que decían ir en sintonía con las planteadas en la Reforma de Córdoba, no obstante camuflados con ese discurso, se fueron impulsando en realidad políticas mercantilistas que utilizan la educación como otro medio de producción para satisfacer las necesidades de las multinacionales que buscan mantener y reproducir el modelo actual de producción.

La realidad es que en la actualidad nuestra Universidad de la República no tiene un rumbo, actúa sin autonomía del gobierno nacional, y cada vez se ve más permeada por el mercado, que a través de convenios, de la incidencia de los bancos privados (principalmente en Santander), de la contratación de empresas para personal tercerizados, del aumento de los cursos pagos, entre otros, van comprando al cuerpo docente y a las distintas autoridades.

Solo el movimiento estudiantil puede revertir esta situación, y sólo mirando lo mejor de su pasado, retomando el espíritu subversivo que tuvo el movimiento  reformista en todo el continente, rompiendo con lo establecido, con el orden, traeremos nuevamente la dignidad a nuestra casa de estudios.

Nuestra agrupación homenajea a la generación reformista del 18, levantando las mismas banderas, y luchando para que el movimiento estudiantil las hagan suyas, no solamente porque son justas, sino porque son necesarias.

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