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Contra el posmodernismo: razón, organización y lucha

Contra el posmo@2x

¿Por qué discutir esto? Un principio fundamental que hemos defendido siempre es que para cambiar algo es necesario primero entenderlo. Como fuerza transformadora que aspiramos a ser es necesario entender el marco de pensamiento general en el cual nos desenvolvemos, la lógica del “sentido común” construido y el impulso de las maneras de entender la realidad que vienen desde quienes ostentan el poder en sus distintas formas. Este debate cobra un especial valor en los momentos que vivimos y el rol que ocupamos, es decir, por ser radicales opositores al orden establecido de las cosas y por enfrentar sistemáticamente en el movimiento social a quienes portan el manto de la posmodernidad y cubren con él a todo lo que pueden. Queremos ser partícipes del levantamiento de ese manto y de su deshebramiento hilo por hilo

El término posmodernidad refiere a una tendencia amplia expresada en el arte, la cultura, la filosofía, la política, etc. Es decir, el posmodernismo es una forma de pensamiento y una forma de relacionarse con la realidad arraigada al día de hoy a la cultura general de las sociedades occidentales. El posmodernismo también es una denominación de una etapa histórica de la humanidad desde el punto de vista de la construcción teórica que lo impulsa para poder explicar, en contraposición con viejas etapas de la humanidad, el nuevo mundo. Sin embargo sobre esto último nos detendremos más adelante intentando demostrar la falsedad de la existencia de ese nuevo mundo posmoderno o posindustrial. Lamentablemente lo incorrecto de la construcción teórica no lo elimina de su lugar predominante dentro de las tendencias de formas de pensamiento de la humanidad en la actualidad.

En vez de comenzar a enunciar sus características esenciales del posmodernismo intentaremos concluirlas de su origen histórico para comprenderlas en el marco de una formación social determinada. Basados en la idea que nos propone el materialismo histórico como herramienta para el análisis entendemos que la cultura, la filosofía, las formas de pensamiento, el desarrollo de la política vienen dadas y determinadas por las relaciones que establecen los seres humanos de manera necesaria pero involuntaria sobre las formas de producción para la supervivencia, es de decir de las relaciones de producción, en una fase determinada del desarrollo de las fuerzas productivas.

En el capitalismo la relación de producción reinante es la que existe entre el dueño de los medios de producción y quien solo vende fuerza de trabajo y esta relación solo puede darse con el desarrollo de las fuerzas productivas devenidas de la revolución industrial. Esto no quiere decir que exista una única forma de pensamiento en toda la humanidad capitalista o que esta no varía a lo largo su desarrollo. Sino más bien que las relaciones productivas son un marco general que contiene contradicciones sobre todo en términos de la antagonía de intereses de las clases determinadas por esas relaciones productivas. Y dentro de ese marco se mueven las distintas formas de concebir al mundo, siendo generalmente la que predomina la que es funcional a las clases beneficiadas por esas relaciones productivas, excepto en los momentos previos a la ruptura de ese marco dando lugar a la construcción de uno nuevo.

La revolución industrial es un cambio radical para la humanidad en todos los términos imaginables, es el punto histórico donde los hombres y mujeres ya no tienen una relación con la naturaleza gobernada por los ciclos repetitivos de la producción agrícola. Las innovaciones científicas transmitidas a todo el mundo llevan consigo un indetenible proceso de cambio que arrasa con viejas estructuras y construcciones de relaciones humanas sustentadas en los pilares de la tradición, la religión y las prácticas culturales. Los esquemas de dominación monárquica o de esclavitud comienzan a morir para darle lugar a la dominación enmarcada en el trabajo asalariado. Esto es una revolución en el entendido que sacude desde la base hacia la punta la estructura social construida previamente.

El posmodernismo surge como corriente de pensamiento finalizando la década del 80,  al auge de una retórica de libre mercado generalizada conducida por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Nace ante el ocaso de la Unión Soviética que expresaba simbólicamente en ese momento la construcción de un mundo con unas bases distintas a las capitalistas (por más que a esa altura el proyecto socialista estaba totalmente descarrilado) y viene a intentar explicar este mundo, que para el posmodernismo es nuevo y superador de la sociedad industrial, es posindustrial. Y es un mundo sin modelos antagónicos y sin contradicciones que lo muevan a transformarse en algo distinto como sí ocurría en el viejo mundo industrial. Un mundo sin grandes relatos que lo explican como supo hacer en otras épocas el marxismo.

El posmodernismo intenta y asienta las bases para ver al mundo sin una teoría general que lo explique y ante la ausencia de esta teoría la explicación de la generalidad queda centrada en el individuo que puede darle al mundo la explicación que desee y tener su propia verdad sobre las cosas. Con esto la razón humana queda relegada e inclusive negada de su misma existencia, porque si no podemos explicar la realidad y a nuestra sociedad mediante el estudio y el análisis de la misma construyendo una teoría que la explique, ¿de dónde viene nuestra comprensión de la misma? No lo sabemos, pero seguro que no de la razón pues es lo que nos permite tener un común denominador entre los seres humanos para separar lo falso de lo verdadero. La apertura a la multiplicidad infinita de verdades y relatos sobre la explicación de nuestra sociedad, tantas como individuos posibles, es la negación de la razón común humana y constituye una base crucial para demostrar la imposibilidad de la organización conjunta para la transformación de la realidad.

El lugar de la razón es ocupado en general por los sentimientos tratados como valores morales propios e incuestionables de cada individuo. Para las concepciones posmodernas la verdad es construida por lo que sentimos y no por lo que realmente es verdadero. El posmodernismo es el clamor de la existencia de un mundo carente de significado donde el movimiento de las cosas se ha detenido, es la sentencia de muerte al avance de la historia y es la desaparición de las grandes luchas de distintas características que marcaron la historia de la humanidad hasta nuestros tiempos. Es el fin de una política universal de libertad que sea capaz de unificar a las víctimas de las diferentes formas de opresión en una lucha común.

Es importante entender que el posmodernismo no viene a explicar una sociedad nueva, por más que él intente expresarse de esa manera, sino que viene a aparecer en un momento específico del desarrollo de la sociedad actual. Es herramienta y producto propio de la estructura social reinante para preservarse a sí misma y es por eso que también el análisis y el debate sobre el mismo es fundamental. Las contradicciones centrales devenidas de la revolución industrial, es decir, la contradicción entre el capital y el trabajo está más vigente que nunca. Y sería absurdo plantear que los avances tecnológicos de los últimos años (muy considerables e innovadores sin duda) se asemejan a un cambio de paradigma en la producción humana como lo significó la revolución industrial.

La contribución de esta tendencia a la existencia de particularismos militantes que se atomizan cada vez que lo ven posible es clara. Por ejemplo, la lucha de las mujeres es patrimonio propio de las mujeres y de nadie más, dentro de ellas están las gordas, las trans, las afrodescendientes, las lesbianas, cada una con su propia lucha de patrimonio propio e incomprensible por el resto. Los pueblos originarios son otro ejemplo, el planteo de que la autopercepción de oprimido es condición suficiente para el respeto irrestricto de un reclamo puede llegar a ser funcional a la prevalencia de elementos culturales primitivos mucho más crueles que los que existen. Un caso más absurdo es lo que sucede en nuestro país donde la autopercepción individual de ser población originaria alcanza para conformar un Consejo de la Nación Charrúa y establecer elementos reivindicativos de las culturas indígenas de América Latina que poco tienen que ver con los Charrúas. Al final del día el posmodernismo canaliza luchas arraigadas a las contradicciones del sistema: territoriales, económicas, culturales, ambientales y políticas hacia experiencias tragicómicas donde la realidad se desdobla y el oprimido pasa totalmente a un segundo lugar como sujeto pero se coloca en un pedestal al reconocimiento de su existencia.

Se coloca sobre la mesa la idea de que la sociedad está conformada por conjuntos prácticamente disjuntos de minorías que sufren algún tipo de opresión por sobre la idea de una sociedad con explotados y explotadores en la cual el avance histórico estará dado por la organización de los explotados contra los explotadores. Esto impide la unificación y el encauzamiento común de la lucha contra la injusticia que tiene como base la estructura social. La transformación es la colocación de parches sobre una estructura inamovible en vez de la destrucción de la misma para construir otra.

Es importante también entender que por más que pretende ser dueño monopolista del patrimonio de los sentimientos y las emociones, no significa que no los reconozcamos en nosotros o en los demás.  El sufrimiento, la pena, el desamparo y la angustia que muchas veces sienten las grandes masas de la sociedad, usualmente están relacionadas con las distintas injusticias que existen y por ende, nosotros no solamente las reconocemos sino que las utilizamos para poder explicar la necesidad de transformación. Reconocemos y empatizamos con las víctimas de la discriminación de cualquier índole y la misma existencia de eso nos enfurece. Pero le damos la justa medida que merecen a los sentimientos y nunca dejamos de usar la razón para pretender entender la realidad y cambiarla. Esa es la diferencia entre canalizar los sentimientos negativos de la sociedad hacia terrenos áridos para la cosecha de conquistas o hacerlo hacia transformaciones reales. Es la diferencia entre los que utilizan las injusticias como elementos cosméticos de su participación política y las usan para ascender a posiciones de poder mientras que los oprimidos ven poco y nada cambiada su realidad y aquellos que intentamos cambiar las cosas de manera duradera y sostenible por más que el camino sea más difícil.

La clave está en entendernos como parte del movimiento de las cosas y que como parte del mismo podemos ejercer acciones conscientes sobre la base de entenderlo para dirigirlo hacia cierto punto. Esto ya de por sí reniega con la concepción posmoderna de la imposibilidad del análisis de la realidad pero no es suficiente, también es necesario comprender que la expresión de esta concepción en la organización social es algo a erradicar porque es funcional a prevalecer el orden establecido de las cosas. La acción consciente y organizada requiere de las personas para llevarla adelante. Requerimos de las grandes masas para poder transformar nuestra realidad y por ende cualquier concepción que nos impida organizarnos en conjunto y demostrar la base material de las injusticias que nos rodean es una concepción funcional al poder. El mundo donde nada es objetivo y no podemos compartir fines comunes para organizarnos con los demás es un mundo que no puede ser cambiado. Pero un mundo con injusticias arraigadas y provenientes de la misma estructura social no solo es un mundo que debe ser cambiado sino que es el mundo real en el que vivimos. Por ende, la tarea de convencer y romper con la concepción posmoderna está como primer punto del orden del día y la fuerza de reacción que ejerce el pensamiento hegemónico contra nosotros cuando avanzamos contra él, lejos de desmotivarnos, debe ser la constatación misma de que vamos por buen camino.

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