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En defensa de la salud pública

“La salud es una categoría biológica y social, en unidad dialéctica con la enfermedad; resultado de la interrelación entre individuos y su medio que condiciona niveles de bienestar físico-mental y social. Permite desarrollar plenamente una actividad social y económicamente productiva. Está condicionada en cada momento histórico del desarrollo de la sociedad. Constituye un inestimable bien social. Es un derecho humano.” (Villar y Capote Mir)

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Determinación social de la  salud

Reconocer que la unidad dialéctica de salud/enfermedad está determinada socialmente, implica un posicionamiento sobre la configuración de la sociedad y una elección teórica para explicar su dinámica. Las formas de producción, consumo y su lógica distributiva, son determinantes en la configuración de los perfiles de salud, enfermedad y muerte de los grupos sociales. En el capitalismo, estos procesos expresan la contradicción histórica entre: propiedad privada, producción colectiva y apropiación inequitativa de la riqueza, que deviene en relaciones económicas de explotación y exclusión, en relaciones de poder profundamente asimétricas y opresivas. Las inequidades sociales sintetizan estas relaciones, antagonismos y contradicciones económico-políticas e ideológicas. La actual fase de desarrollo capitalista deteriora en forma acelerada la calidad de vida de las mayorías e impacta sobre cuatro procesos diferentes pero interrelacionados: el incremento de la pobreza, la profundización de las inequidades económico-políticas, el deterioro ecológico y sus consecuencias en la salud y la ampliación de las brechas socio-sanitarias, que conforman sociedades crecientemente polarizadas y la exclusión masiva de las poblaciones de los satisfactores esenciales para la vida. El perfil epidemiológico de una población saca a la luz la desigualdad social que en ella existe. A lo largo y ancho de América Latina, predominan enfermedades agudas y transmisibles, hay una alta taza de mortalidad infantil y una baja esperanza de vida. Sin embargo en los países del primer mundo la esperanza de vida es muy alta, predominando las enfermedades  crónicas o no transmisibles. En nuestro país nos encontramos en plena transición epidemiológica, existiendo un perfil  híbrido entre el primer mundo y los países tercermundistas: las enfermedades más prevalentes son las enfermedades crónicas, pero sin embargo los pobres se siguen muriendo de problemas de salud de pobres.  Cuando hablamos de salud hablamos de un Derecho Humano inalienable, que como tal debe ser garantizado desde el Estado, generando políticas democratizadoras,  sistemas inclusivos de calidad, y equidad en salud, apostando a un enfoque integral de la persona.

La reforma de la salud en Uruguay

Con la asunción del primer gobierno del Frente Amplio, se sientan las bases para la reforma de salud. El objetivo de dicha reforma, a través de la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) y del Seguro Nacional de Salud, es: “…universalizar el acceso a la salud, dar justicia en el mismo, equidad en el gasto y el financiamiento, calidad asistencial, y devolverle la sustentabilidad al Sistema…” (Ley 18.211 – Creación del Sistema Nacional de Salud). Los tres ejes de la reforma: en primer lugar, el cambio en el modelo de atención. Entendiendo al ser humano como un ser bio-psico-social, en el que debe prestarse atención a los 3 aspectos de la persona para asegurar su salud. Dando de esta forma gran importancia al trabajo interdisciplinario. Priorizando la atención primaria en salud y con ella la prevención de enfermedades y la promoción y educación para la salud. Fortaleciendo la atención del primer nivel. También encontramos el cambio en el modelo de gestión, que busca dar al Misterio de Salud Pública un rol rector del sistema, haciendo que los prestadores, tanto públicos como privados, respondan al mismo. Se intenta también fomentar la participación, incorporando a los actores del proceso en la “fiscalía” del sistema. Y,  por último, el cambio en el modelo de financiamiento, creando el Fondo Nacional de Salud que recibe y administra los fondos destinados al pago de los prestadores integrales.

Las insuficiencias del sistema

La implementación del sistema nos permite identificar sus debilidades. Los cambios en el modelo de atención deben profundizarse, sobre todo en el subsector privado, y el MSP debe adquirir mayor protagonismo en la rectoría del sistema. Es evidente la mejoría que se ha dado en el Subsector público, pero aún existiendo más recursos económicos, tecnológicos y materiales, se mantiene una vieja tradición nacional “salud pobre para pobres”.  Los principales obstáculos para el pleno desarrollo de la atención en este sector son: la falta de coordinación, la mala gestión y los conflictos de intereses. Los prestadores privados engordan sus fondos con servicios que brindan al subsector público, y ASSE absorbe a todos aquellos usuarios de prestadores privados que no pueden cubrir los aranceles de consultas; usuarios cuyos aportes van al FONASA y de este al prestador privado. En una lógica capitalista, y con una estrategia en salud como la que se plantea, es necesario fortalecer el eje público, es inminente el desarrollo y profundización de una red integral de efectores públicos de salud. Una red que complemente servicios desde una perspectiva regionalizada, unificando la puerta de entrada a la misma independientemente de la institución pública a la cual correspondan, generando redes de complementariedad, de interdependencia a los efectos de brindar una salud de calidad y racionalizando los recursos del estado. A lo anterior sumamos la voluntad política de no contemplar al Hospital de Clínicas, el Hospital Universitario como parte de la reforma de salud.

El rol del Hospital de Clínicas

La necesidad de la creación de un Hospital Clínico, o de Clínicas, planificado y construido con las características necesarias para facilitar los procesos de enseñanza-aprendizaje, es destacada por la Facultad de Medicina en el año 1910, aunque en el ámbito Universitario ya se manejaba  desde varios años antes. Los conflictos de aquellos años entre la Facultad de Medicina y la Asistencia Pública Nacional (quien cumplía las funciones del MSP) y la forma en que los estudiantes eran tratados en los servicios de salud, llevaron a la Facultad de Medicina a posicionarse firme a este respecto. Este posicionamiento institucional sumado a la movilización estudiantil, consiguieron que en 1926 se firmara el proyecto de ley de la creación del Hospital de Clínicas. Una comisión de la que participaban la Facultad de Medicina y la Asistencia Pública Nacional, además de la sociedad de arquitectos que se encargó de planificar su construcción, asegurando que la edificación cumpliera con todos las facilidades dhospital_clinicase un hospital universitario y que se asemejara a los mejores edificios existentes en el mundo. Su construcción llevó 22 años y cuando fue finalizada, para sorpresa de la población Universitaria, se pretendía entregar el nuevo hospital al poder ejecutivo. Eso era algo que la Universidad y  particularmente la Facultad de Medicina no podían permitirse. Era la gestión del ejecutivo, y la corporación que existía detrás del cuerpo médico uruguayo, lo que dificultaba a los estudiantes su aprendizaje. Esto hacía necesario que el nuevo hospital, construído con tal fin, dependiera de la Universidad de la República, encargada de la formación de los profesionales de la salud. Esto llevó a que los universitarios en general, pero principalmente los estudiantes, se unieran en una movilización que trascendió las aulas, copó las calles e instaló el tema en al opinión pública nacional, consiguiendo que la institución fuera entregada finalmente a la Universidad en  1950. En este momento el Hospital de clínicas se transforma en la expresión de la democratización al acceso de la atención de calidad y las altas tecnologías. Además de ser vanguardia latinoamericana en la formación de tecnólogos de salud y en administradores de servicios de salud.

El ataque hacia el hospital universitario

En el año 2005 somos testigos de una gran transformación en materia de salud en nuestro país, sin embargo, el Sistema Nacional Integrado de Salud, que se propone universalizar el acceso a la atención de calidad, define no integrar al mismo al Hospital Universitario. Nos preguntamos: ¿qué intenciones hay detrás de esta decisión?
La realidad es que el Hospital de clínicas cuenta con determinadas cualidades que aterran a los políticos de nuestro tiempo. Esta es una institución universitaria autónoma y cogobernada que, si bien sigue los lineamientos sanitarios impuestos por el MSP en su rol gestor del SNIS, no responde al ejecutivo en su gestión ni en las definiciones políticas. Al día de hoy, si bien brinda asistencia a un número importantísimo de los usuarios del sub sector público, el hospital de clínicas es el único que no recibe dinero a través del FONASA o el presupuesto de salud, sino que se le destina una parte, del escaso presupuesto de  educación, sumado a un pequeño acuerdo con ASSE que financia suministros. Con el actual modelo de financiamiento del SNIS, sabemos que no integrar al hospital al mismo, es premeditar su extinción. Ahora: ¿es su categoría de Universitario argumento suficiente y válido para condenarlo a muerte? Pero estos no son los únicos ataques que nuestro querido hospital ha debido enfrentar, en los últimos meses hemos sido testigos de una campaña de desvalorización del Hospital de Clínicas, llevada adelante por los medios de comunicación y los más diversos actores políticos, campaña que ha conseguido instalar el tema en el orden del día de la opinión pública e incluso transformarlo en su centro de atención. Se han hecho públicos los más diversos cuestionamientos respecto a su eficacia, su forma de gobierno y la pertinencia o no de un Hospital Universitario.  Es nuestro deber como estudiantes y trabajadores, defender este Hospital, el Hospital del pueblo, el democratizador de la atención de calidad y la tecnología, luchar por su continuidad igual que lo hicieron decenas de generaciones antes que nosotros. Porque pelear por el Hospital de clínicas es defender su carácter Universitario, es defender la educación, es enfrentar a las corporaciones médicas. Es pelear por la salud del pueblo. Así concluía Pablo Carlevaro en el acto de entrega del Hospital a la Facultad de Medicina:

“El estudiantado de Medicina, junto a todas las fuerzas universitarias,celebra alborozado la definitiva conquista de una de sus más ardientes aspiraciones: ¡tendremos un Hospital de Clínicas Universitario!… porque nada hay que pueda oponerse a lo que fue unánime aspiración popular. Sin embargo, no es esta una victoria exclusivamente universitaria; es,además, y muy especialmente, una gran conquista popular. Y lo es, porque junto a la Universidad la opinión popular reclamó y exigió justicia; y lo es, también por sus seguras consecuencias: La reforma sanitaria del país, cuyo paso abre hoy, triunfalmente, la conquista del Hospital de Clínicas Universitario.”

A los compañeros N°1, Febrero 2014.

 

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