Declaración del Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos con motivo de su 1er Congreso

Declaración del Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos con motivo de su 1er Congreso

Montevideo, 10 de Junio de 2014

Las universidades son instituciones que deben estar en permanente cambio, ajustando sus métodos de trabajo y estructuras. En general es más fácil cambiar los métodos, ya que las estructuras suelen resistirse más a modificarse, lo cual provoca a menudo que choquen contra sus propias necesidades.

 En general, a lo largo de su historia las universidades se han ajustado a las demandas sociales del momento, es decir, han sido en cierta manera, un reflejo del desarrollo de la estructura socio económica, de sus necesidades, y así, para cada época han existido universidades con su formas y contenidos respectivos. La Universidad de la República no escapa a esta realidad.

 Esta, bajo la ley de 1908 se dio una forma de división en facultades con una mínima relación entre ellas, que a su vez se alejaba del modelo de institución como órgano unificador del conocimiento.

 La Ley Orgánica de 1958 que nos rige actualmente tuvo entre sus objetivos fundamentales superar esa situación, buscando unificar las facultades en un organismo que fue el Consejo Directivo Central. La ley también avanzó mucho al incorporar los fines de la Universidad, especificar la docencia, la investigación científica y el estudio y difusión de los problemas de interés general.

 Lo que se quería obtener de ese proceso trascendía a la aprobación de la ley, se buscaba una adecuación estructural que permitiera llevar a la práctica estos objetivos que en la ley se planteaban.

 Eso dio origen a una continuación del proceso de cambio luego de aprobada la ley, que tuvo entre sus consecuencias el Seminario de Estructuras Universitarias, conducido por el profesor Darcy Ribeiro que tendría como conclusión el conocido Plan Maggiolo. Pero este proceso fue interrumpido por el golpe de estado y la intervención de la Universidad, sin ser retomado a la salida de la dictadura.

La Universidad a partir de ese momento ha realizado cambios internos y creado nuevos servicios universitarios, pero no ha llevado adelante un cambio estructural profundo como el que se pretendía. Los tiempos que el país vivió seguramente mucho tuvieron que ver ya que obligaron, durante las décadas siguientes al retorno democrático, a que la Universidad adoptara una actitud defensiva para protegerse de las políticas neoliberales que la atacaban, cuestionando su autonomía y cogobierno y retaceando su presupuesto.

 Universidad para qué país.

 El país puede cambiar su rol de país subdesarrollado y dependiente, y la Universidad puede y debe estar a la altura de ello. Es por esto que muchas ideas que se planteaban en la etapa previa al golpe aún tienen validez, y deben ser retomadas con miras a elaborar un nuevo plan de reestructuración y desarrollo de la Universidad de la República.

 La discusión de un nuevo plan universitario debe enmarcarse en buscar el acercamiento de las diversas ramas del conocimiento, confluyendo los institutos y sus docentes de similares disciplinas en organismos centrales, que además promuevan la influencia mutua entre las disciplinas y áreas del conocimiento.

 Se necesita estimular un cambio en la educación superior del país, promoviendo a la par las ciencias básicas (matemáticas, naturales y humanas) ya que la Universidad debe brindar una formación sólida, a partir de la cual sus egresados sean capaces no sólo de aplicar conocimientos ya existentes, sino también, y sobre todo, de crearlos.

 Todo esto es fundamental para la formación de un país independiente, integrado a la región en la que se encuentra, capaz de decidir por sí mismo, sin plantearse como única solución a sus problemas la ayuda externa a través de préstamos o inversiones directas, pero también de la importación de conocimiento.

 Los pueblos deben edificarse a sí mismos en lucha contra la injerencia extranjera. Esta es una concepción política que no es posible realizar si no se dispone de personas capaces de asimilar el conocimiento existente, adaptarlo a las necesidades sociales particulares y completarlo cuando sea necesario. Con este norte debe discutirse un plan universitario para una nueva etapa.

El Uruguay debe romper con el rol de país proveedor de materias primas que el imperialismo le asigna, y que conlleva a una baja calidad de vida de nuestro pueblo. Es necesario que se reinvierta en tecnología, creando un modelo propio de desarrollo.

 Nuestro país puede crecer en base a los recursos naturales, gracias a estar ubicado en una región donde se encuentra energía, alimentos e insumos que son fundamentales para el mundo. Pero basar nuestra política económica en estos factores, no es más que continuar con el esquema neoliberal, hipotecando nuestros recursos que son finitos en una política cortoplacista, impidiendo el desarrollo del país, consolidando aún más su rol pre-asignado en el mercado mundial de exportador de productos primarios de escasa elaboración, haciendo aún más fuerte la dependencia del país para con el capital trasnacional.

 La historia ha dejado en claro que el neoliberalismo aplicado desde los noventa, no es más que una concepción utilizada para favorecer a los sectores más ricos del país, que la macroeconomía sola no resuelve los problemas de fondo que nos aquejan, que hay una vinculación muy grande entre las políticas económicas, las políticas productivas y las políticas sociales que incluyen a la educación. Y éstas a su vez, se vinculan fuertemente con las políticas de ciencia y tecnología.

 No es posible mejorar realmente las condiciones de vida de nuestro pueblo si no se apuesta a cambiar su estructura, de la mano de una mayor inversión en educación e investigación; ejemplo es la realidad actual donde se tiene una industria manufacturera y un agro que reinvierten menos del 2% de lo que producen, porque compran la tecnología desarrollada fuera del país.

Sin embargo desde el gobierno esta situación se plantea como equilibrada y estable, como producto de una política económica “responsable”. Pero no se produce investigación e innovación adecuada a una demanda, que por otra parte es inexistente, no siendo esto más que la expresión de los intereses de los sectores sociales más ricos del país que se benefician con ese estado de situación.

Si se piensa que los que van a demandar innovación tecnológica e investigación son las empresas transnacionales o los socios de la Cámara de Industrias o de la Cámara de Comercio, de la Asociación Rural o de la Federación Rural, es claro que se está eligiendo mal los interlocutores y los actores para los cuales y con los cuales se debe lograr intercambiar y apoyar.

El subdesarrollo de nuestro país no es una etapa previa a un estado de desarrollo como el de las principales potencias, sino que nuestro estado de subdesarrollo, o de atraso, es la otra cara del desarrollo del llamado primer mundo. Por ello a este estado de situación se llega de la mano de la influencia del interés extranjero, que determina nuestro lugar en el mercado mundial, nuestro rol como país agroexportador y proveedor de algunos servicios básicos, con el correspondiente bajo nivel de educativo y técnico.

Por lo tanto, no se trata de promover únicamente un desarrollo capitalista, sino de un proceso que tenga entre sus principales tareas la liberación nacional, es decir, el fin de la influencia del interés extranjero, del imperialismo, en el rumbo que toma el país.

 Hacia dónde debe ir la Universidad

 Es importante plantear algunas señales sobre cómo vemos que se ha debilitado la Universidad en estos últimos dos períodos desde la perspectiva del relacionamiento con los gremios universitarios.

Pertenecemos a una Universidad en la que los propios rectores encabezaban las marchas y movilizaciones en defensa del presupuesto universitario. Una Universidad que durante el período de la última dictadura cívico-militar fue intervenida por defender su autonomía y el desarrollo de sus fines tanto académicos, como sociales y políticos.

Hoy nos encontramos en una Universidad donde se institucionalizan los actos de manera tal que dejan de ser actos de los gremios y pasan a ser declaraciones de la Universidad. Estamos en una Universidad donde las bienvenidas de las generaciones las hace la institución y donde las actividades de extensión las coordinan unidades y no los gremios.

Como movimiento estudiantil, tenemos que trabajar para que esta Universidad vuelva a ser la Universidad de la ruptura. Esa Universidad que tenía un proyecto nacional, no solo proyecto de educación superior, sino un proyecto de un sistema público de educación y de país.

La Universidad de los 60 era un antro de rebeldía, y era una Universidad donde florecían las ideas y el debate ideológico. Esa es la Universidad que hoy se olvida, negando las ocupaciones y la huelga general del 73. Es imprescindible recuperar esa memoria que es la verdadera memoria del movimiento estudiantil. Debemos recuperar la experiencia de quienes lucharon y quienes murieron por nuestra Universidad y por la educación pública toda, y que hoy están completamente olvidados.

Finaliza un período en la política universitaria y se abre una etapa de discusión enmarcada en la elección de nuevas autoridades que habrán de conducir la institución los próximos cuatro años, que coincide a su vez con la elección de un nuevo gobierno nacional.

La discusión universitaria debe enmarcarse en los acontecimientos que vive el país. La Universidad de la República debe proponerse ser una actor fuerte y activo dentro de la política nacional, no sólo opinando sino llevando adelante acciones y transformaciones que marquen un rumbo e incidan en la realidad del país.

Consideramos que es necesario impulsar un candidato que sea, antes que nada, un fiel representante de la autonomía y el cogobierno universitario por encima de las banderas políticas. Un universitario que sea capaz de acompañar los planteos del movimiento estudiantil de cara al próximo presupuesto universitario, liderando a la universidad con planteos fuertes en este sentido, en el marco de la elaboración de la Ley de Presupuesto de 2015.

Pero además debe reunir a todos los actores sociales para ir a dar una batalla ideológica contra este gobierno funcional al statu quo que nos mantiene en el subdesarrollo, y que ha tenido una enorme injerencia en la elaboración de la política universitaria.

En este proceso el movimiento estudiantil, y en particular la Federación de Estudiantes tiene un enorme rol que cumplir, y mucho camino queda por transitar para alcanzarlo. La FEUU de Líber Arce era la FEUU que llamaba movilizarse a la calle y a luchar, esa es la Federación que queremos, y la Universidad que queremos tiene que acompañar y actuar en consecuencia.

Cuando el movimiento estudiantil estuvo más fuerte, la universidad fue un actor relevante, que planteó vigorosamente la necesidad de romper con la dependencia y el subdesarrollo. Hoy el movimiento estudiantil es débil y la Universidad es completamente obsecuente al gobierno de turno.

La Universidad debe discutir qué país quiere impulsar poniéndose al servicio de ello, teniendo como principal objetivo el desarrollo del país, entendiéndolo como un avance en las capacidades productivas que corte con la dependencia económica, política y cultural, generando las capacidades nacionales necesarias que nos permitan llevar a cabo una transformación estructural.

Este debe ser el compromiso de los universitarios, el Uruguay no podrá desarrollarse sin un sector altamente capacitado y políticamente consciente de las necesidades del país.

Es en este orden de cosas que nos planteamos que debe modificarse radicalmente la estructura productiva del país, y en ello es que vemos que la educación, muy en particular la de nivel terciario, tiene un rol fundamental, que en la actualidad debe asumir la Universidad de la República.

En este marco, y con estas consideraciones, a partir de una discusión programática en donde hemos delineado nuestras principales preocupaciones en materia de proyecto universitario, pero también de proyecto de país, es que desde el Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos entendemos que es el Prof. Roberto Markarian la persona indicada para conducir un proyecto universitario autónomo, que profundice verdaderamente el modelo latinoamericano de Universidad, cumpliendo con la responsabilidad de la Universidad de ser un actor social y político fundamental a nivel nacional.

Frente de Participación Estudiantil – Susana Pintos

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