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Los de adentro y los de afuera

El problema de la restricción al acceso es una realidad a lo largo y ancho de nuestra Universidad. Se evidencia en cuestiones bien explícitas como son los cupos al ingreso de carreras y las pruebas de ingreso que sufren servicios como el Instituto Superior de Educación Física (ISEF) y la Facultad de Ingeniería para carrera de tecnólogo en Informática en el primer caso, y la Escuela Universitaria Centro de Diseño (EUCD), la Escuela Universitaria de Música (EUM) y la Escuela Universitaria de Tecnologías Médicas (EUTM) en el caso de las pruebas.

Esta problemática también se evidencia en muchos casos, una vez el estudiante ingresa a la Universidad, por ejemplo a través de cupos en asignaturas. Es decir, se permite al estudiante entrar pero luego durante su carrera éste se enfrenta a diversos obstáculos, como puede ser “tener que cumplir un número equis de asignaturas electivas” en determinada área.

Como muchos problemas a los que se enfrenta la Universidad, estos tienen una raíz de carácter presupuestal, pero ¿cómo nos damos cuenta de eso?

Primero es necesario analizar qué implica contar con cupos o pruebas de ingreso. Implica quedarse únicamente con una porción del universo de estudiantes que desean cursar esa carrera. En el caso de las carreras con cupo, el sorteo selecciona azarosamente quiénes serán estudiantes universitarios, sin importar el derecho a estudiar con el que cuenta cualquier persona garantizado por ley (artículo 1º de la Ley General de Educación – Nº 18.437). Asimismo, la lógica de la prueba de ingreso es aún más perversa, porque requiere que el estudiante venga con cierta preparación que la educación media no brinda, es decir, que sólo se puede acceder si se tiene el poder adquisitivo como para pagar una preparación privada. Aquí se explicita cómo se beneficia el estudiante según cómo (y de dónde) viene.

Segundo, es preciso tener en cuenta qué implica levantar los cupos o quitar las pruebas de ingreso porque la consigna no puede ser únicamente declarativa. La realidad de muchas de las carreras de la Universidad asusta. Asustan las condiciones edilicias donde los estudiantes tienen clases, así como las soluciones parciales o temporales a estos problemas que se vuelven la norma. Asusta también la estructura docente que sostiene algunas carreras, la precariedad laboral con la que cuentan muchos docentes, la incapacidad de mejora, la posibilidad nula de efectivizar sus cargos. Todo esto asusta, y todo esto se traduce en la necesidad de más presupuesto.

Entonces la consigna no puede ser un eslogan, debemos ser los estudiantes los más concientes de lo que implican estas restricciones y por dónde van las soluciones. Porque algo que no puede suceder bajo ningún concepto, es que ganemos el libre acceso pero a costa de pobres condiciones de estudio o de rebaja de la calidad de enseñanza.

Otro aspecto que se mencionó más arriba son las complicaciones que han surgido con la implementación de los nuevos planes de estudio. En muchos servicios, el tener que adaptarse “rápidamente” a la Ordenanza de Estudios de Grado ha desembocado en un caos académico.

Tomemos el caso de lo que ha sucedido con las asignaturas electivas, que según la Ordenanza son aquellas “impartidas por otras carreras y que el estudiante puede elegir libremente de acuerdo a sus intereses y orientación de formación”. Los diferentes servicios optaron por fijar cupos debido a que no hay lugar físico ni docentes para atender toda la demanda generada, por lo que en definitiva el estudiante opta por cursar la asignatura “que puede” o “en la que consigue lugar”, no necesariamente la que más le interesa o la que “más le aporta a su formación”. Este problema es real y tangible para muchos estudiantes de nuestra Universidad, y responde fundamentalmente a que la adaptación “académica” de los planes no se acompañó con un presupuesto acorde.

En este caso vemos cómo estos cambios académicos han representado una rebaja de la calidad de la enseñanza evidente. La “flexibilidad” de la que tanto habla la Ordenanza lo único que ha generado es caos y descontrol, lo que deviene en frustración por parte de aquellos que están en peores condiciones para mantenerse dentro de la Institución. En otras palabras, ha jugado una suerte de criterio de selección enmascarado.

Es por ello que cuando luchamos por el libre ingreso a toda la Universidad y por la erradicación de cupos de todas las asignaturas, lo hacemos teniendo en cuenta todas sus dimensiones, y eso implica más presupuesto para salones como es debido, más presupuesto para aumentar y efectivizar la plantilla docente, más presupuesto para becas estudiantiles de apoyo económico y de materiales que permitan el tránsito estudiantil dentro del país, entre otros.

La solución del problema del ingreso o del tránsito estudiantil una vez adentro, no radica en el dictado de cursos sobre “Vida universitaria” como reivindican los defensores de la Segunda Reforma[1]. La solución debe ser real para el estudiante, no únicamente de corte emotivo. A los estudiantes que hoy no pueden entrar a cursar la carrera que desean, no los va a hacer sentir mejor, no los va a hacer sentir más parte de la Universidad, asistir a un curso donde le expliquen cómo funciona eso a lo que ellos no pudieron acceder.

Cortemos con la demagogia, planteemos soluciones concretas y que ataquen el fondo del asunto, no mecanismos que confunden y desvían la atención. El problema es que no se le da a la Universidad el dinero necesario para que todo el que quiera pueda estudiar según su vocación. Eso es lo que hay que denunciar y reclamar.

La única solución real a estos problemas es contar con más presupuesto, y la forma de lograr que el gobierno le de a la Educación, y en particular, a la Universidad el dinero que necesita es estar en la calle y reclamarlo.

Organizar al movimiento estudiantil en defensa de nuestra educación es nuestra tarea.

Esta lucha se gana en la calle.

Valeria Sanchez


[1] Proceso plagado de demagogia que llevó adelante el rector Rodrigo Arocena en su período de mandato (2006-2014). Su nombre hace referencia a la Reforma de Córdoba lo cual busca confundir ya que los móviles que llevaron a una y otra reforma son bien distintos.

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