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La democracia de la desinformación – TISA

  • Tan exteriores que no las vemos

Las relaciones exteriores son tal vez, uno de los puntos de la política de estado donde la democracia en el marco del sistema capitalista expresa de manera más clara sus contradicciones de clase. Esto tiene que ver claro, con la condición de herramienta de opresión de una clase sobre otra que tiene el estado. Las clases dominantes a cargo necesitan de cierta discreción para negociar la política comercial hacia el extranjero de una nación, ya que en los distintos vaivenes por aumentar la ganancia, estarán jugando con la condición de vida de muchas personas. Por esto no es raro que en general en lo que refiere a política internacional no se conozca mucho, como cuales son las posiciones de nuestro país en la Organización Mundial del Comercio o cuánto pagamos de deuda externa. Sólo algunos hechos mediáticamente trascendentales como si se apoya o no al gobierno de tal o cual nación son los que se ponen realmente en la boca de todos. A uno nunca le queda claro cuándo con su voto tuvo alguna influencia real en las decisiones que toma su gobierno de turno sobre qué hacer de las fronteras para afuera.

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No nos debería sorprender que existan negociaciones en secreto, ni que se tomen decisiones que jamás se mencionaron en una campaña electoral o en un programa de gobierno. Sin embargo esto sí debería enojarnos y debemos emprender acciones para evitarlo, comenzando claro, por informarnos.

  • Cuanto más secreto más peligroso

Por definición del tratado las negociaciones deben darse en el marco de la confidencialidad y el secretismo, incluso el gobierno de Estados Unidos ha propuesto que el contenido no se debe conocer hasta pasados 5 años en las negociaciones.

En términos generales la naturaleza secreta del Trade In Services Agreement (TISA) y la falta de información y participación ciudadana no solo configura una práctica antidemocrática sino que a su vez revela que la necesidad de un debate nacional es impostergable.
Las características de este acuerdo calan tan hondo en las bases de la economía (llevando su impacto al plano político y cultural) que el modelo de país al que uno quiera aspirar queda fuertemente limitado por las restricciones que impone. No solo es nocivo para los sectores populares la firma de un acuerdo bajo estas características sino que es totalmente alejado del concepto de izquierda plantear definiciones sobre modelo de país lejos del debate popular.

El acuerdo implica aceptar una clausula de “statu-quo” que bloquea los actuales niveles de liberalización de los servicios, no negando a priori la existencia de monopolios estatales, pero sí negando la posible futura existencia de nuevos.

E implica también una clausula de “trinquete” que bloquea automáticamente cualquier medida que afecte la liberalización de los servicios. Tampoco niega la existencia de monopolios estatales, pero sí impide que si en un momento dado se decide privatizar un servicio dado, este no pueda volver al modelo público posteriormente. Conjuntamente las cláusulas impiden la remunicipalización de los servicios por definición. Estas cláusulas quitan la soberanía de poder establecer nuevos servicios públicos y de devolver servicios privatizados al sector público, siendo estas libertades democráticas fundamentales para una sociedad.

  • El origen

Si nos remontamos al comienzo, la idea parece surgir de la Coalición de Industrias de Servicios de Estados Unidos (CSI por sus siglas en inglés) y su ex presidente Robert Vastine. En el 2001 la Organización Mundial del Comercio comienza a realizar una ronda de negociaciones comerciales en Doha (Capital del estado de Qatar) llamada la Ronda de Doha, la CSI apoyó desde un comienzo la misma, ya que el objetivo era la reducción de barreras comerciales, y fue enfocada esencialmente al área de la agricultura.

Así como las contradicciones generan el movimiento en todo, el desarrollo de las negociaciones se basó en las contradicciones entre las clases dominantes de los países con desarrollo industrial y la de los países productores de materias primas. Las fuertes oposiciones se dieron entre Japón, Estados Unidos y la Unión Europea contra Brasil, China y Sudáfrica. Brasil y Estados Unidos tienen antecedentes de disputas en materia del comercio de productos agrícolas. En el año 2002 en la OMC se da la llamada “Disputa Brasil-EEUU por el algodón”, en la cual Brasil denuncia a los EEUU por los subsidios que le realizaba a las exportaciones de algodón.

Las negociaciones en la Ronda de Doha fueron un rotundo fracaso ya que por parte del BRICS( Asociación entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se planteaba que los países industrializados debían reducir los subsidios internos de manera proporcional a las concesiones que se dan sobre el comercio de bienes industriales por parte de los países periféricos.

Vastine ya en el 2009 cuando las negociaciones estaban en una clara situación de estancamiento propone que las negociaciones plurilaterales en el área de servicios se realicen por fuera de la OMC. Y trabajando en la Coalición Mundial de Servicios la CSI obtiene el apoyo de grupos empresariales a nivel internacional para la iniciativa TISA.

El TISA es el proyecto político de este grupo empresarial y debemos entender esto para comprender los intereses implícitos en el mismo. Y tampoco podemos olvidar que por más que el BRICS se encuentre en conflicto con Estados Unidos y la Unión Europea, este es un conflicto entre las clases dominantes de dichos países. Y que la resolución del conflicto no beneficiará a las clases trabajadoras de los países victoriosos. Nuestra decisión no debe estar basada en si estar de lado con el BRICS o con EEUU y la UE, sino que debe estar basada en el impacto que tendrá dicho acuerdo en un proyecto de desarrollo autónomo y en pos de los intereses populares.

  • ¿Qué implica para nosotros?

Primero que nada debemos entender que la influencia que nosotros podamos tener sobre el contenido de este acuerdo es nula, el TISA es una arista de un conflicto que nos es ajeno y que es entre potencias comerciales de distintas características. Y las iniciativas dentro del tratado vienen y vendrán de las naciones fuertes que dominan el comercio mundial. Y segundo el TISA no reconoce las asimetrías entre los países y no propone ninguna clausula de resguardo en caso de que la economía se vea afectada por el comercio internacional, por ejemplo si se dan excesivas importaciones en determinados sectores.

Este tratado propone un trato igualitario entre empresas nacionales (Inclusive estatales) y extranjeras. El trato nacional se aplicaría a las subvenciones lo que significa que cualquier apoyo financiero para los servicios públicos estaría a disposición por igual de los proveedores de servicios privados con fines lucrativos.

En términos de la capacidad de reglamentación nacional hacia los servicios los estados pierden gran parte de su soberanía, ya que se plantea que las prescripciones y procedimientos en materia de títulos de aptitud, las normas técnicas y las prescripciones en materia de licencias no constituyan obstáculos innecesarios al comercio de servicios. Aquí se encuentran incluidas normas como los requisitos de seguridad para los trabajadores, las reglamentaciones ambientales y las normas de protección de los consumidores.

El TISA también implica una desregulación en sectores donde se han definido políticas concretas y de carácter social, como por ejemplo la cantidad de empresas extranjeras que pueden participar en la potabilización de agua, en la generación de energía eléctrica o en el refinado de petróleo. Así como también implicaría eliminar las limitantes en la participación privada en los medios de comunicación.

La llegada de este acuerdo trasciende a los gobiernos e implica que una vez firmado el acuerdo no hay vuelta atrás. Esto implica que si el pueblo uruguayo en algún momento quiere dar un cambio en la política comercial no lo podrá hacer sin violar el tratado.

Existe una salvaguardia en la cual los distintos estados participantes puede presentar una lista de los servicios que quedarían exentos del acuerdo (por ejemplo: Telecomunicaciones, Salud y Educación) pero todos aquellos servicios no existan hoy o que no se mencionan en la lista quedarán sujetos al acuerdo. Sin embargo esta lista se presenta sin que las negociaciones hayan terminado y sin saber el contenido final del tratado. Sin haber posibilidades de cambio a futuro.

  • Algunas conclusiones para abrir el debate

El sistema de salvaguarda de “enumerar o perderlo” implica un considerable riesgo para las reglamentaciones de los servicios públicos ahora y en el futuro. Dejando sujeto a nuestro país a que todo servicio que nuestro gobierno se niegue a proteger, incluso inadvertidamente, sea sujeto a las normativas que aún no están discutidas.

La igualdad de trato a empresas extranjeras que nacionales es un duro impacto para el desarrollo industrial. Ya que cualquier nueva empresa nacional que decida vender productos manufacturados deberá competir en las mismas condiciones que cualquier empresa extranjera que ya los venda. Esto le implicaría a una empresa nueva y nacional enfrentar las mismas condiciones que una empresa con años de funcionamiento y capital acumulado que le permitirá vender a precios más bajos.

Es particularmente preocupante lo que refiere a la infraestructura del país, en los casos de las antenas o la fibra óptica, que implican importantes inversiones del estado uruguayo, deberían ser puestas sin restricciones para el usufructo de empresas extranjeras si se incluyeran en el acuerdo.

Si se incluyeran la salud y la educación implicaría una pérdida enorme de soberanía nacional, al deber brindar ese servicio de manera comercial y no como el derecho humano fundamental que es. Ya existen hoy avanzadas ajenas al TISA respecto a este tema.

Se plantea también que las empresas nacionales podrán competir en mercados extranjeros con buenos beneficios, ahora, ¿la competencia será real dado el porte de las empresas nacionales al lado de las multinacionales? ¿Es este un hecho que realmente vaya a generar un cambio a la sociedad uruguaya?

Los sectores populares debemos profundizar en este tema, y dar las batallas que tengamos que dar para que nuestro país no ingrese en el tratado. Desde el 2012 que el estado decidió iniciar las negociaciones de ingreso, no podemos dejar que pase más tiempo.
Han habido algunos tímidos avances en esta materia que deben profundizarse. Esta tarea implicará de todos los militantes honestos que estemos dispuestos a pelear por informar a los uruguayos y uruguayas, y nuestra capacidad de torcerle el brazo a todo aquel que plantee que se debe ingresar al acuerdo.

Para esto, es necesario que jerarquicemos el debate en el tema, que estemos alerta de todas las novedades y que no dejemos que (como están haciendo desde el 2012) nos sigan ocultando información.

El TISA tiene algunos años, pero nuestra pelea recién está naciendo.

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